No eres tan racional como crees
El Mito del Pensador Racional
¿Cuántas veces te has enfrentado a una decisión importante y has sentido una batalla interna? Por un lado, la voz de la «lógica fría» te dice que analices los pros y los contras de forma objetiva. Por otro, una «corazonada» o una fuerte «intuición» te empuja en una dirección completamente diferente. Esta lucha es universal, y durante mucho tiempo, la ciencia creyó y nos dijo que la voz correcta era siempre la primera.
Durante gran parte del siglo XX, las teorías económicas y psicológicas dominantes veían las emociones como un “ruido molesto”, un obstáculo para la toma de decisiones verdaderamente «racionales». El ideal era el pensador calculador, y los modelos de comportamiento humano se basaban en pensamientos lógicos o fórmulas matemáticas, que excluían factores tan humanos como los sentimientos.
Sin embargo, en las últimas décadas, ha habido una revolución científica que ha demostrado que esa visión es, en el mejor de los casos, incompleta. La ciencia del comportamiento y neurociencia, ha revelado que las emociones no solo son inevitables en nuestras decisiones, sino que son un componente fundamental y, a menudo, increíblemente útil de nuestro sistema de razonamiento.
Veamos cinco de los hallazgos más impactantes de la psicología y la neurociencia que explican este cambio de paradigma.
- Tenemos dos sistemas de pensamiento:
El psicólogo y premio Nobel Daniel Kahneman popularizó una idea que cambió la forma en que entendemos la mente: pensamos usando dos «sistemas» distintos.
- Sistema 1: Es rápido, automático, intuitivo y emocional. Opera sin esfuerzo y sin sensación de control voluntario. Es el que te permite reconocer la hostilidad en una voz, responder a «2+2», o sentir una aversión inmediata ante un cuadro horrible. Es el piloto automático de nuestra mente.
- Sistema 2: Es lento, deliberado, analítico y requiere esfuerzo. Se activa para actividades mentales complejas, que requieren concentración, como resolver un problema de multiplicación complejo, rellenar un formulario de impuestos o buscar a una persona concreta en una multitud.
La revelación clave es que la gran mayoría de nuestras decisiones diarias, desde qué pasta dental comprar hasta si confiar o no en un extraño, son impulsadas por el Sistema 1. Sin embargo, solemos identificamos con nuestro Sistema 2: la voz racional y deliberada en nuestra cabeza.
Nuestro cerebro, por eficiencia, suele tomar atajos mentales. Como señala el psicólogo Dan Ariely, los seres humanos no somos simplemente irracionales, somos «previsiblemente irracionales». Este punto es crucial porque reconoce la influencia constante de nuestro sistema intuitivo y emocional, en la toma de decisiones.
La realidad es que la mayoría de nuestras decisiones diarias se originan en el Sistema 1. El Sistema 2 a menudo solo entra en juego cuando el Sistema 1 se encuentra con una dificultad o, más comúnmente, para buscar justificaciones lógicas a una decisión que el intuitivo sistema 1 ya ha tomado.
- Tus «corazonadas» son señales biológicas reales que guían a tu cerebro
Comúnmente pensamos en las emociones como un obstáculo para el pensamiento lógico. Sin embargo, la investigación del neurocientífico Antonio Damasio demostró exactamente lo contrario.
¿Qué es exactamente una «corazonada»? Según A. Damasio, no es una sensación mística, sino una señal biológica muy real. En su «hipótesis del marcador somático» propone que nuestras emociones actúan como «etiquetas» que nos ayudan a filtrar las opciones de forma rápida y eficiente, se manifiestan como cambios corporales (lo que él llama «paisajes viscerales»).
Por. ej: una sensación de malestar en el estómago ante una propuesta de negocio arriesgada es un marcador somático negativo; una sensación de calidez al pensar en una opción, es un marcador positivo.
Estos marcadores somáticos son, en esencia, el lenguaje del Sistema 1. Son los mecanismos biológicos a través de los cuales, nuestra intuición rápida nos «habla»; etiquetando las opciones con sentimientos, mucho antes de que el Sistema 2 pueda completar un análisis lógico.
“El corazón tiene razones que la razón ignora” — Blaise Pascal
- No todas las emociones negativas son iguales: el miedo y el enfado te empujan en direcciones opuestas
Es fácil caer en la trampa de pensar que las emociones «positivas» (alegría, orgullo) llevan a buenas decisiones y las «negativas» (miedo, ira, tristeza) a malas. La realidad es mucho más sofisticada. Las diferentes emociones con la misma valencia (ambas negativas, por ejemplo) pueden tener efectos completamente opuestos en nuestras decisiones, porque surgen de evaluaciones distintas de la situación.
El mejor ejemplo es el contraste entre la ira/enfado y el miedo:
- El enfado surge de una evaluación de certeza y control. Cuando estás enfadado, sientes que sabes quién tiene la culpa y que tienes el poder de actuar. Esto te lleva a percibir menos riesgo en las situaciones y a tomar decisiones más optimistas o arriesgadas.
- El miedo, por el contrario, surge de una evaluación de incertidumbre y falta de control. Cuando tienes miedo, sientes que no sabes qué va a pasar y que no puedes influir en el resultado. Esto te lleva a percibir más riesgo y a tomar decisiones más pesimistas y cautelosas.
Con ello, se demuestra que el Sistema 1 no es simplemente «emocional» de una manera caótica sino que es un sistema de procesamiento de la información altamente especializado que nos prepara para respuestas muy diferentes: luchar o huir, basándose en una evaluación del contexto. Nos enseña que para predecir el comportamiento de una persona no basta con saber si se siente «mal»; sino también necesitamos saber qué tipo de malestar siente.
- «Seguir tu Instinto» Solo Funciona si Eres Emocionalmente Inteligente
El consejo popular de «seguir tu instinto» o «escuchar a tu cuerpo» parece sabio, pero la ciencia sugiere que su eficacia depende de una habilidad clave: la inteligencia emocional.
Un estudio investigó la relación entre la activación fisiológica (la «sensación visceral») y la toma de decisiones arriesgadas. La conclusión fue sorprendente:
- En personas con baja inteligencia emocional, una mayor activación fisiológica (un «instinto» más fuerte) se asoció con una mayor toma de riesgos. Esencialmente, malinterpretaban sus señales corporales como una señal de excitación o «acercamiento» hacia la opción arriesgada, en lugar de una advertencia.
- En personas con alta inteligencia emocional, la relación fue nula o negativa. Esto sugiere que son más capaces de interpretar correctamente estas señales corporales, usándolas como una advertencia para evitar el peligro.
Seguir tu instinto, por tanto, no es un consejo universalmente bueno; su utilidad depende de la capacidad para descifrar el mensaje que el cuerpo está enviando.
La conclusión es optimista: aunque las emociones son una parte integral de la toma de decisiones y no podemos “apagarlas”, no somos sus esclavos. Podemos aprender a modularlas, para que se alineen mejor con nuestros objetivos a largo plazo; en lugar de dejarnos llevar por el impulso del momento. Podemos influir en qué emociones sentimos, cuándo las sentimos y como las expresamos. Nuestra capacidad para interpretar las señales del cuerpo es, es clave y, no debemos obviar que, el cuerpo no debe estar bajo influencia de factores básicos como hambre, cansancio que afectan a la emocionalidad.
- Un cerebro cansado y hambriento sigue sus peores impulsos
El autocontrol y el pensamiento deliberado (las tareas del Sistema 2) son actividades agotadoras que consumen un recurso mental limitado, un fenómeno conocido como «agotamiento del ego».
En otras palabras, el agotamiento del ego es el estado en que el Sistema 2, que consume mucha energía, se queda sin combustible, dejando al impulsivo y automático Sistema 1 al mando sin supervisión.
Se realizó un estudio muy impactante con jueces israelíes que revisaban solicitudes de libertad condicional. Los investigadores analizaron el porcentaje de decisiones favorables a lo largo del día y encontraron un patrón alarmante:
- La probabilidad de que un juez concediera la libertad condicional era de alrededor del 65% justo después de una de sus pausas para comer.
- A medida que pasaba el tiempo desde la última comida, la tasa de aprobación descendía progresivamente, llegando a casi cero justo antes de la siguiente pausa.
La conclusión es tan simple como inquietante: los jueces cansados y hambrientos tendían a tomar la decisión predeterminada y más fácil, que en este caso era denegar la solicitud. Este hallazgo tiene implicaciones enormes. Por tanto, factores fisiológicos que consideramos triviales, como el hambre, pueden tener consecuencias drásticas en decisiones que cambian la vida de las personas.
En resumen:
La imagen de nosotros mismos como decisores puramente racionales, ha cambiado ante los últimos avances cieníficos. Nuestras decisiones no son el producto de una mente lógica y aislada, sino de un sistema complejo donde la intuición (Sistema 1), las señales emocionales, la correcta interpretación de esas señales y los recursos fisiológicos básicos sientan las bases sobre las que la razón se esfuerza (sistema 2) e intenta operar.
Las emociones son una característica central e ineludible del individuo. Como concluye un equipo de investigadores liderado por Jennifer S. Lerner, «las emociones constituyen impulsores potentes, omnipresentes, predecibles, a veces perjudiciales y a veces beneficiosos de la toma de decisiones». La verdadera sabiduría no consiste en ignorar nuestros sentimientos, sino en entenderlos para saber cuándo escucharlos y cuándo guiarlos.
Las emociones no son impulsos brutos, sino datos sofisticados que distinguen entre amenazas, y que lejos de ser esclavos de estos sentimientos, poseemos la capacidad de regularlos.
Pues bien, ahora que conoces estos secretos de tu mente, ¿qué decisión importante podrías reevaluar, sabiendo que tu estado de ánimo, tu cansancio o un instinto mal interpretado podrían estar influyendo en ella